El Dragón de los Eclipses
Anatomía Invisible y Destino en la Astrología Caldea
En las crónicas de la antigua Nínive, los astrónomos reales no solo observaban la luz de las estrellas; buscaban los puntos de fricción donde el orden del cosmos se quebraba. Para los Tupšarru (los escribas babilónicos), el firmamento era una escritura viva, pero había dos párrafos invisibles que dictaban el ascenso y caída de los imperios: los Nodos Lunares. En Lógica Astrológica, entendemos que estos puntos no son simples coordenadas matemáticas, sino la huella de un «Dragón Celestial» que aún hoy devora nuestra realidad.
La Intersección de los Caminos Divinos
Imagine el lector el cielo babilónico dividido en autopistas celestes. El Sol recorre la Eclíptica (el Camino de Anu), mientras la Luna danza en su propia órbita. Sin embargo, estos caminos no son paralelos; están inclinados el uno respecto al otro. Los Nodos son, precisamente, los puntos de cruce donde la Luna atraviesa el camino del Sol.
(Nodo Norte)
(Nodo Sur)
Desde la perspectiva de la astrología tradicional babilónica, cuando una Luna Nueva o Llena ocurre cerca de uno de estos nodos, se produce la «mordida del dragón»: el eclipse. Este fenómeno era el presagio más temido en el mundo antiguo, pues indicaba que el mensaje divino del Sol (la conciencia) o la Luna (la memoria colectiva) estaba siendo interrumpido por una fuerza primordial.
Tiamat: El Mito Detrás de la Sombra
La astroteología caldea vinculaba estos nodos con el mito de Tiamat, el dragón hembra del caos. Según el Enuma Elish, el dios Marduk cortó a Tiamat en dos para crear el cielo y la tierra. Los nodos representaban las «cicatrices» invisibles de esta batalla. El Nodo Norte fue llamado la Cabeza del Dragón (Rahu en la tradición védica posterior), simbolizando un apetito insaciable de experiencias. El Nodo Sur, la Cola del Dragón (Ketu), representaba el lugar de la purga, donde el pasado se drena para dar paso a lo nuevo.
El Ciclo de Saros: Ciencia en la Oscuridad
Lo que deslumbra de los caldeos es que, antes de tener telescopios, descubrieron que los Nodos no son estáticos. Retroceden por el zodíaco en un ciclo de 18.6 años. Mediante la observación de estos puntos, desarrollaron el Ciclo de Saros, permitiéndoles predecir eclipses con una precisión que hoy, milenios después, sigue siendo la base de la astronomía moderna.
En mi práctica como astrólogo, veo los nodos como los nodos críticos de destino. No son planetas físicos, pero su «gravedad» espiritual es mayor que la de Júpiter o Saturno. Son los puntos donde el tiempo lineal se cruza con el tiempo eterno.



